Se busca hombre perfecto que soporte todo pero no exija nada

Por Ivan Gomez

las reglas han cambiado y los roles también, pero solo para un lado. Hoy, muchas mujeres no buscan pareja: buscan un mayordomo emocional con abdominales, sueldo de ejecutivo, alma de terapeuta y vocación de niñera. Todo eso, claro, sin pedir absolutamente nada a cambio. Que se atreva a tener opiniones y será cancelado. Que mencione que también tiene necesidades y será crucificado por “machista”. Porque, aparentemente, los hombres ya no son personas: son proveedores con Wi-Fi.

Curioso que muchas de estas exigencias vengan de mujeres que, al cruzar los 40, no sólo arrastran divorcios, traumas, hijos y una maleta llena de frases de Instagram, sino también una autoestima tan inflada que necesitaría su propio código postal. Claro, dirán que es amor propio. Pero cuando ese amor propio se transforma en la incapacidad de compartir, ceder o siquiera reconocer los límites del otro, entonces ya no es empoderamiento. Es simple narcisismo con gloss.

Y no, no se trata de una crítica a las mujeres maduras. Todo lo contrario: hay muchas que valen oro, pero están escondidas debajo de una avalancha de gurús del empoderamiento que predican que un hombre debe arrodillarse con flores, asumir hijos ajenos con entusiasmo y aceptar ser corregido a cada paso mientras sonríe. ¿Romance? No. Eso es esclavitud emocional con guión de comedia romántica.

Mientras tanto, los hombres reales —los de carne, hueso y cerebro— están apagando el radar. No es que ya no quieran comprometerse. Es que están cansados de entrevistas disfrazadas de primeras citas. Si no tienen carrera, casa, camioneta y terapia resuelta, ni se les ocurra aparecer. Pero si tienen todo eso, igual serán descartados si no reaccionan con emojis suficientes en cada mensaje o si no recuerdan exactamente la fecha del primer café de hace tres años.

Y luego vienen las quejas. “No hay hombres”, dicen, desde la comodidad de su trono emocional. No hay hombres… dispuestos a ser tu terapeuta, tu proveedor, tu padre sustituto y tu saco de boxeo emocional. Eso sí.

¿Y si probamos otra cosa? ¿Y si dejamos de tratar las relaciones como castings para un príncipe de fantasía y empezamos a verlas como una construcción conjunta, con dos adultos que saben que el amor no se basa en exigir, sino en aportar? No. Mejor sigamos culpando al patriarcado por todo, incluso por estar solteras por decisión propia… disfrazada de estándares.

Que no se malinterprete. Exigir respeto, estabilidad y buen trato es justo. Pero exigir perfección divina mientras se ofrece caos emocional es un mal chiste. El problema no es la edad. No son los hijos. No es el divorcio. El problema es que en vez de buscar amor, muchas están buscando adoración. Y, sorpresa: los altares ya están llenos.