En un fascinante cruce entre neurociencia y moda, un reciente estudio del Instituto de Investigación Hospital del Mar (IMIM) ha revelado que un olor sencillo puede reprogramar nuestras decisiones sin uso de palabras, imágenes ni algoritmos complejos
Imagínalo: el aroma de vainilla, almendra o naranja no solo evoca recuerdos, también puede alterar nuestra percepción del gusto y, por extensión, cambiar la forma en que nos relacionamos con la ropa que elegimos.
El experimento, realizado en ratones, estableció que al asociar un aroma (como el plátano) con algo positivo (un sabor dulce) y luego con un estímulo negativo, estos animales dejaban de preferir lo dulce. La amígdala cerebral y regiones del córtex construyeron ese vínculo indirecto entre olor, gusto y emoción. Cuando los científicos bloquearon ese circuito, el efecto desaparecía
¿Cómo se traduce esto al universo del estilo? En el ámbito fashion, la forma en que percibimos una prenda no se limita a su color, textura o marca. Se suma un factor menos tangible pero poderoso: el olor. Un perfume, un ambiente olfativo sutil, puede inclinar nuestras decisiones, conectando un tejido o una silueta a una emoción subconsciente.
Visualiza esto sobre una pasarela: modelos envueltos en vapor perfumado que evoca libertad, misterio o serenidad. El público no solo ve, sino que siente. Esa sensación se integra al recuerdo del diseño. Más aún, una tienda sartorial podría ajustar su fragancia ambiental para armonizar con cada colección: lino fresco para la primavera, vetiver y musk para el otoño.
Este hallazgo neurocientífico invita a los diseñadores a pensar la moda como una experiencia multisensorial. Conocer cómo los aromas activarían circuitos inconscientes vinculados a valores emocionales deja abierta la puerta a tratamientos olfativos personalizados en prendas—desde microcápsulas que liberan fragancia con el sudor, hasta textiles impregnados durante el embalaje.
Aunque el estudio se centró en roedores, los investigadores consideran que ese mecanismo de asociación indirecta podría existir también en humanos, y tener repercusiones en fobias, en gustos o en recuerdos vinculados a la vestimenta
Precisamente, la amígdala, involucrada en reacciones como miedo, también influye en la manera en que valoramos lo estético.
Más allá de su atractivo creativo, esto resalta una oportunidad para el futuro de la moda: diseñar prendas que no solo vistan el cuerpo, sino que activen estados de ánimo. Un abrigo que tranquiliza tras un largo día, una camiseta que revitaliza al colocártela en la mañana, unos zapatos que despiertan confianza con solo rozarlos contra la piel.
El reto ahora es traducir esta base científica en aplicaciones reales: crear prototipos seguros, agradables y duraderos. La alianza entre perfumistas, neurocientíficos y diseñadores se impone como el próximo paso. El fin no es solo vestir con estilo, sino provocar una sintonía emocional única.
En una era donde el bienestar y la moda convergen, integrar el poder sutil de los aromas ofrece una nueva dimensión para el estilo personal. Porque vestir no debería sentirse, debería emocionar.
















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